Hay algo en la mujer del sur que sigue atrapando miradas, suspiros y conversaciones en todos los rincones del mundo, y yo lo he sentido en mi propia piel desde que era muy joven. Como andaluza de Córdoba, he crecido rodeada de esa mezcla de luz, carácter y sensualidad que parece imposible de ignorar. El título de este artículo no es casual: el mundo sigue fascinado con la mujer del sur porque esa fascinación va mucho más allá de una simple apariencia. Es una presencia, una forma de estar, una energía que se queda contigo mucho después de que la hayas visto.