Hay días en los que el frío te atraviesa hasta los huesos y, aun así, tienes que sonreír como si el mundo entero te estuviera mirando. Yo he pasado por varias sesiones de fotos al aire libre en invierno y sé lo que significa llegar al límite físico y mental. Cuando el viento te golpea la cara y las manos se te entumecen, mantener la pose y la expresión correcta se convierte en todo un acto de voluntad. Esta es mi experiencia real como modelo profesional, contada desde dentro, sin filtros.