Hay algo profundamente liberador en el momento en que decides soltar todo y simplemente obedecer. El placer de obedecer sin cuestionar no surge de la nada, sino de una confianza que se construye poco a poco, de una conexión que va más allá de las palabras. En mis años como dominatrix he tenido el privilegio de acompañar a muchas personas en ese viaje hacia la entrega total, y cada vez me sorprende la intensidad que puede alcanzar.