Recuerdo con claridad esa primera cena de gala corporativa en la que participé como azafata. El salón estaba iluminado con luces cálidas, el aroma a perfume caro se mezclaba con el de las flores frescas y yo sentía cómo el vestido se ajustaba a mi cuerpo mientras intentaba controlar los nervios. En ese momento entendí que desenvolverse en una cena de gala corporativa no es solo cuestión de modales, sino de leer el ambiente, mantener la elegancia y saber cuándo hablar y cuándo escuchar. Te voy a contar todo lo que he aprendido en estos años, desde los errores que cometí hasta las estrategias que ahora uso con seguridad.