Hay instantes en los que todo se decide sin que salga una sola palabra de la boca. Yo lo he vivido muchas veces en mi trabajo como dominatrix. Cuando el límite lo marca la mirada, no la palabra, el aire cambia por completo. Tú que estás aquí, quizás te hayas preguntado cómo es posible que algo tan silencioso tenga tanto peso. Te lo cuento desde dentro, desde las sesiones que he vivido, desde las miradas que he sostenido y desde las que he interpretado cuando las palabras ya no eran necesarias.