En mi mundo como escort de lujo, he descubierto que la diferencia entre una experiencia ordinaria y una inolvidable radica en cómo leo a mis clientes para darles lo que necesitan. No se trata de adivinar caprichos superficiales, sino de percibir lo que late debajo de la superficie: el cansancio de un ejecutivo, la necesidad de sentirse visto de un hombre que siempre está al mando, o el deseo de rendirse de alguien que en su vida diaria nunca puede bajar la guardia. Con el tiempo, esta capacidad se ha convertido en mi mayor herramienta, una que combina mi formación en modelaje, los eventos privados y mi faceta como dominatrix.